domingo 5 de octubre de 2008

Tras la pista de Mr. Hyde: la biología de la agresividad


Un ave que cuida su nido tiene un alto nivel de agresividad durante la época en que acaba de salir su pollada, esto depende de cuánto vea amenazadas a sus crías. El nivel de agresividad depende de la distancia a la que está el animal extraño del nido. Mientras más cerca esté el intruso, más agresiva será el ave. La agresividad aumenta según su necesidad para que la especie sobreviva.

La agresividad es una conducta normal y útil para la supervivencia ya que dentro de la especie animal hay comportamientos como la tendencia a competir, el hecho de devorar y evitar ser devorado, cazar o luchar para poder vivir.

En la célebre novela de Robert Louis Stevenson El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde, el bien y el mal conviven en el doctor Henry Jekyll, que inventa una brebaje capaz de transformarlo, de un médico pasivo y amable al agresivo y misántropo monstruo Edward Hyde.

Según explica el médico, neurólogo y neuropsicólogo Francisco Javier Lopera Restrepo, coordinador del Grupo de Neurociencias de Antioquia, en el humano la corteza cerebral ha entrado a funcionar -a través de la evolución- como una estructura nueva, que regula los instintos heredados tales como la agresión.

“Digamos así que hay un cerebro racional ‘nuevo’, que posibilita el autocontrol que se superpone a un cerebro instintivo que tiene tendencia a la agresividad, ya que es lo normal en la vida de los animales. La cultura influye en esto, porque es la que define que hay que respetar al otro, no se debe agredir, lastimar ni matar a nadie” explica el neurólogo.

Javier Lopera comenta que normalmente la persona es agresiva sólo cuando le dan motivos y se ve forzado a defenderse. Pero a veces ese equilibrio entre el cerebro racional y el cerebro emocional -o límbico- fracasa y se imponen conductas agresivas, “conductas no apropiadas del homo sapiens”.

Ese desequilibrio se puede dar por una lesión cerebral, por un trauma de cráneo, hematoma, tumor, parálisis, o infección entre otros motivos. “También se puede alterar porque durante la formación del cerebro haya anormalidad, esto puede ocasionar un desbalance y la persona puede tener una tendencia a la agresividad, a ser más impulsiva que otras, porque puede tener organizaciones cerebrales diferentes” afirma el neurólogo.

Existen genes que determinan la conducta, la manera de ser y el temperamento. Según el menú genético que se reciba, se tendrá un cerebro más dispuesto a conductas intuitivas, agresivas o más pasivas. El background genético que se tiene es modelado por la cultura, por el ambiente en el que la persona se desarrolle.

“Un desequilibrio biológico, más el maltrato físico o psicológico contra el individuo, lo convierte por ejemplo en un asesino en serie. Ellos no reaccionan, tienen una deficiencia en la capacidad de sentir dolor por el sufrimiento de los otros” añade Lopera.

En estudios realizados por el grupo Neurociencias de Antioquia, se ha concluido que los menores infractores tienen dos características: son niños con bajo nivel intelectual, con pocas capacidades, e incluso a veces con retardo mental leve o problemas de aprendizaje. Ellos se han criado con un ambiente social muy adverso y desorganizado."Esos dos factores son un caldo de cultivo para la delincuencia" expresó Francisco Lopera. "Un niño con un buen nivel intelectual y un ambiente caótico, podría defenderse, tendría recursos para evaluarse a si mismo" puntualizó el neurólgo.

El Pulitzer Ronald Kotulak en El Cerebro por Dentro, explica que el neurotransmisor llamado serotonina o 5-HT, es el principal modulador de los impulsos cerebrales relacionados con las emociones y los instintos, manteniendo de esta forma la agresividad bajo control. La noradrenalina es un neurotransmisor que influye en el cerebro para que responda ante el peligro con la producción de adrenalina y otras sustancias que preparan al cuerpo para combatir o huir. También se relaciona con los impulsos de la ira y el placer sexual.

Según Kotulak, tanto la serotonina como la noradrenalina pueden actuar por separado o en conjunto, y en diferentes combinaciones para producir un amplio espectro de actos violentos. En un nivel normal la serotonina controla instintos y emociones ‘primitivas’ tales como el apetito, el sueño la excitación, el dolor, la agresividad, el estado de ánimo, el sexo y la conducta suicida. Afirma de igual manera que “un creciente conjunto de pruebas indica que la insuficiencia de serotonina ocasiona falta de control, conducta que suele manifestarse en irritabilidad, cólera e ira explosiva”.

El autor afirma que los científicos sospechan que una de las razones por las que los jóvenes agresivos tienden a apaciguarse cuando son adultos, se debe a que el nivel de serotonina aumenta con la edad. Y un probable motivo por el cual las mujeres en general son menos agresivas que los hombres, es que presentan un nivel de serotonina de 20 a 30 por ciento mayor que los hombres.

Kotulak explica que dos mutaciones genéticas descubiertas hace unos años, apoyan las evidencias sobre un vínculo entre los genes y el medio ambiente con la violencia. En una de las mutaciones, el gen descubierto por investigadores holandeses del Hospital Universitario de Nijmegen, incrementa el nivel de noradrenalina, y por lo tanto la agresividad impulsiva.

En la otra mutación encontrada, el gen produce Monoaminooxidasa -la enzima que descompone la noradrenalina y otros neurotransmisores para evitar su peligrosa acumulación-, pierde eficiencia en la destrucción del primer neurotransmisor, por lo que se eleva el riesgo de la ira inmotivada e incontrolada.

Los primeros años de vida son fundamentales -dice el neurólogo Javier Lopera-, porque determina la organización interna del cerebro, en ese punto él está abierto a recibir toda la información del medio que rodea a la persona.

La privación sensorial y exposición a la violencia en la primera infancia son experiencias perjudiciales que ocasionan daños cerebrales porque inducen a la formación de redes cerebrales anormales, causadas a su vez por el exceso de noradrenalina o la carencia de serotonina, lo que provoca que se tienda a la violencia para enfrentar problemas.

Aunque existen fármacos que ayudan a restaurar el equilibrio cerebral como la Fluoxetina, también conocida con su nombre comercial Prozac, y la Clonidina, no se debe asociar todo episodio de agresividad con desórdenes biológicos, ya que es una forma innata en el hombre -y de los animales en general- de proceder cuando se siente amenazado, esto, teniendo en cuenta que no se rompan con ciertas estructuras normativas impuestas por una sociedad.

▪ “El licor es un tóxico que modifica el funcionamiento de la corteza cerebral -el cerebro racional- y sale a flote el cerebro límbico -el cerebro instintivo-, lo que ocasiona que la persona tenga conductas más libres, más desinhibidas y también más intuitivas y más agresivas, porque el cerebro racional está “dormido”, por así decirlo” -Francisco Lopera

1 comentarios:

Johansson dijo...

Que interesante. Tiende uno a juzgar cuando encontramos personas agresivas, y, sin justificar, hay razones médicas, biológicas y científicas que por supuesto no lo aprueban, pero si lo explican. Uno no siempre ve más allá. Nos quedamos en el mero acto.
Siempre he pensado que los blogs sirven para dejar ahí lo que uno es en esencia, y eso me transmite el tuyo. Que es tu esencia.Que sos vos.