lunes 1 de septiembre de 2008

La involución del hombre: Poca educación, poco dinero y muchos hijos (III)

Creí que este intento de ‘mejorar’ era algo del pasado pero leí que no era así.

En China en 1994 se aprobó la Ley de Asistencia Sanitaria Maternal e Infantil, que incluía una exploración premarital obligatoria para “enfermedades genéticas de naturaleza grave” y “enfermedades mentales relevantes”. A quienes padecían dichas enfermedades se les prohibía casarse, se les obligaba a aceptar “medidas anticonceptivas a largo plazo” o a esterilizarse [1].

La exageración la encontré en Reino Unido, según el Hunts Post, en ese país encarcelaron a James Edward Whittaker-Williams de 49 años [2] , con problemas de aprendizaje por besar y abrazar a una mujer en la misma condición, debido a que atentaba contra la Ley de Delitos Sexuales de 2003 “que redefine los besos y abrazos como sexuales y afirma que las personas con problemas de aprendizaje son incapaces de dar su consentimiento independientemente de que el acto implique coacción o no” [3].

Puede sonar muy cruel y segregacionista pero evitar que las personas con ciertos problemas se reproduzcan tiene su lado positivo. En Chipre desde 1970 se tomaron medidas similares a las de China, incluyendo el aborto, para reducir la talasemia [4], lográndo reducir el porcentaje de niños con esta enfermedad de 1 de cada 158 a prácticamente cero.[5]

El Estado de Israel costea a la población judía pruebas genéticas para diagnosticar enfermedades antes del nacimiento de un bebé y en algunas comunidades judías ortodoxas, antes del matrimonio los jóvenes se realizan exámenes para saber si son portadores de Tay-Sachs. Si ambos son portadores, es común que el compromiso se rompa.

Esto me pone a pensar en judíos y alemanes nacionalsocialistas con un mismo propósito de erradicar enfermedades bajo distintos preceptos y formas de realizarlo. Los alemanes creían indeseables a los enfermos mentales, aunque también a homosexuales, gitanos y comunistas.

Muchas enfermedades se transmiten por herencia, mi abuela no me dejó el reloj bonito de su sala, pero si un legado de enfermedades que espero no se desarrollen ni en mí, ni en mis hijos cuando los tenga.

Aunque ciertas enfermedades sean heredadas, se debería buscar, en lo posible, que por lo menos su nivel intelectual o destrezas en algún área sean desarrollados lo más que se pueda, para que contribuyan en el avance de alguna manera y no sean una persona más que vive dependiendo de medicamentos y del seguro social con una vida pasiva y estancada excusándose en su enfermedad, eso, pienso que es el ideal, pero ¿acaso los genes también influyen en la personalidad?

Felipe Fernández-Armesto sostiene que los genes de personalidad son una hipótesis creíble: “Existe un gen muy raro que aumenta el apetito; hay otro que protege a la gente del alcoholismo de manera eficaz. Otros genes parecen afectar al mal humor, la tendencia a la ansiedad y la propensión a desórdenes mentales serios, incluidas las disposiciones maníaco-depresivas y esquizofrénicas”[6].

Y aunque se cuestiona si existen genes para la inteligencia, menciona el perfeccionamiento genético que Princeton y los laboratorios del MIT aplicaron en 1999 en el ratón llamado Doogie que obtuvo mejores resultados que otros ratones en pruebas de memoria y adaptación.

Tal como lo propuso Francis Galton, Felipe Fernández-Armesto habla del gen criminal, tomando el ejemplo de una familia de Nimega que se estudió en 1993, propensa a cometer crímenes violentos. Todos los hombres tenían retraso mental, todos se mostraban violentos al enojarse, entre los delitos estaban actitudes amenazantes, violación, apuñalamiento, intento de asesinato y actos incendiarios. También compartían una anomalía genética que los hacía liberar grandes dosis de adrenalina; sin embargo otros miembros de la familia eran capaces de mantener comportamientos normales y “de hecho, uno de ellos estaba felizmente casado y tenía un trabajo estable”[7].

Podría ser que tuvieran razón y hubiera genes que determinen la propensión a portarse de alguna forma, pero sigo pensando que el entorno influye de cierta manera para desarrollar dicho comportamiento ‘hereditario’ o alejarnos de él.

Al comentar con algunas personas sobre eugenesia, escuché nuevamente el poema completo sobre nazismo, racismo y la moral. La eugenesia habla del mejoramiento de la especie humana pero no especifica de qué manera. Por sus raíces griegas se traduciría como “bien nacido”, pero el tabú sobre la definición de mejoramiento es cuestionada al punto de que movimientos por los derechos de los autistas y de las personas con Síndrome de Down sostienen que ambos (autismo y Síndrome de Down) son formas de neurodiversidad [8].

Suena terrible, pero creo que si esas personas pudieran elegir entre tener un chico ‘neurodiferente’ y un chico normal o superdotado, preferirían el normal o el superdotado.

Fernández-Armesto dice que “la humanidad perfeccionada por métodos genéticos será distinta a la perfeccionada por vías eugenésicas porque no habrá perdedores o, al menos, serán pocos, a parte de los no nacidos sacrificados para la experimentación y las poquísimas víctimas previstas de remedios fallidos o de modificaciones que salgan mal” [9].

Esto es una ironía puesto que el mejoramiento por medio del desarrollo de la ingeniería genética puede ser considerado una forma de eugenesia si se toma en cuenta el significado literal de la palabra.

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[1] http://es.wikipedia.org/wiki/eugenesia
[2] http://www.msbp.com/forum/post-6551.html
[3] http://es.wikipedia.org/wiki/eugenesia citando a McKellan, Ian (24 de septiembre de 2005) “Jail Sentence for kiss and cuddle man”. Hunts Post
[4] talasemia: anomalía hereditaria de la síntesis de la hemoglobina. Diccionario Enciclopédico. Olympia Ediciones. Barcelona 1995
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/eugenesia
[6] Fernández-Armesto, Felipe. Breve historia de la humanidad. Ediciones B. Barcelona: 2005. Pág. 198
[7] Fernández-Armesto, Felipe. Breve historia de la humanidad. Ediciones B. Barcelona: 2005. Pág.168-169
[8] http://es.wikipedia.org/wiki/eugenesia
[9] Fernández-Armesto, Felipe. Breve historia de la humanidad. Ediciones B. Barcelona: 2005. Pág. 169